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Director: J.C. Chandor

Intérpretes: Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Penn Badgley, Simon Baker, Mary McDonnell, Demi Moore, Stanley Tucci

Año: 2005

Temas: Banca de Inversión. Ética y técnica. Negocios y especulación.

Peter Sullivan (Zachary Quinto) es una analista principiante. Tras contemplar cómo su jefe es fulminantemente despedido, dedica un tiempo a indagar en datos que éste le ha proporcionado. La conclusión es demoledora: la entidad financiera está abocada al desastre en un plazo limitadísimo de tiempo.

Su reacción inmediata es informar a su superior: uno de los altos directivos del banco, jefe de su defenestrado superior. Éste ni siquiera llega a entender lo que el chaval le está explicando. Él estaba allí para hacer trabajar, para ganar dinero y para disfrutarlo, no para entender en qué consiste el negocio que tiene entre manos.

Margin Call, mucho más que un largometraje, es una demoledora descripción sobre lo sucedido en determinados ámbitos del mundo de las finanzas. Los ocho personajes que actúan son estereotipos, a veces esperpénticos, de determinados profesionales que han estado en el timón, durante los últimos años (otros siguen en los mismos puestos en los que condujeron sus barcos a embarrancar). Los máximos responsables, obsesionados por ganancias ilimitadas, hace tiempo que no pisan la realidad. Lo de menos es lo que se vende y se compra, es decir, la esencia del negocio. Lo de más es qué logran ellos para ellos mismos. Las cifras que manejan son estratosféricas.

La supervivencia del negocio importa sólo relativamente. Y mucho menos es tenida en cuenta la vida de quienes están sacando adelante el proyecto. Las decisiones se toman con una frivolidad, que es más bien frialdad inmoral, que asusta.

Algunos pasajes del largometraje son sencillamente sensacionales. Entre otros, cuando el máximo responsable de la institución, que atiende a otros negocios en paralelo, asegura que él no ocupa el puesto en el que se encuentra gracias a su cerebro… Implícitamente reconoce que es mucho más un carnicero, o un mero verdugo, que un empresario. Él se mantiene porque está dispuesto a actuar drásticamente, no por su valía profesional. Es, en fin, un directivokiller. La toma de decisiones es kafkiana, se hace siempre sobre números; ni se tienen en cuenta las personas ni el futuro de la Compañía.

Uno de los momentos cumbre tiene lugar cuando, ante la imposibilidad de sacar adelante el proyecto, se opta por vender los activos en una operación que tiene todo de estafa y nada de negocio. Para acallar la conciencia de los empleados, se les prometen ingentes compensaciones económicas. Nadie hace preguntas, nadie abandona, cada cual se lanza a su parte de la operación como autómatas. Alguien podría considerar que las reacciones no pueden ser reales. Sin embargo, lo son. En un nuevo experimento Milgram, jóvenes y mayores se disponen a competir por verificar quién estafa a más gente que los demás…

Mientras eso sucede, el segundo de a bordo está preocupado por la muerte de su perra. Su cabeza no está en el futuro de aquella gente, ni tampoco en los clientes, sino en el animal, su única compañía. Con una actuación algo histriónica, como muchas de las suyas, Spacey refleja bien que cuando el norte se pierde el desconcierto estalla en los diversos aspectos de la vida, porque la existencia no está compuesta por realidades estancas.

El pesimismo antropológico permea el largometraje. La afirmación que explícita o implícitamente se va repitiendo es que todo el mundo se comportaría del mismo modo en una situación semejante.

Magistral es la oferta que se realiza a uno de los despedidos. Él está dispuesto a tirar de la manta, antes de que se produzca la masiva estafa, pero al final es acallado porque se le prometen cien mil dólares suplementarios, además de mantenerle determinados beneficios sociales, incluidos los de asistencia médica.

El negocio es presentado como una cuestión de fórmulas y no como ese sistema de comprar lo más barato posible, transformar, y vender lo más caro posible, en que consiste una verdadera empresa. Siempre, esto sí, que los servicios o productos generen valor para el comprador.

En algún momento se presenta un ambiente excesivamente artificial, pero vistas las cosas a pocos años vista –los hechos se sitúan en el 2008, en los albores de la actual crisis económica-, muchas decisiones debieron ser tomadas de forma semejante a como se plantean en el descarnado largometraje Margin Call, término que hace referencia al concepto de Margen de Riesgo.

Pese a la obsesión por repetir el mismo mensaje -la incapacidad técnica y la perversidad ética de los personajes-, el desenlace final provoca una subida de adrenalina que compensa la lentitud de la narración.

Un largometraje, en fin, para mantener en la DVDteca, porque servirá para explicar a nuestros hijos sucesos que provocaron la situación que en la actualidad vivimos en muchos países del mundo.

Resulta, en fin, paradójico que alguno de los personajes se sorprenda de la perversidad de las consecuencias provocadas por sus actos. Es como si quien viola sistemáticamente la intimidad de los demás, se sorprendiese de que éstos, cuando les sea posible, denuncien esos inmorales comportamientos.

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