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Quien es feliz transmite paz a su entorno. Quien está amargado, procura intranquilizar a quienes tiene alrededor. Son como termitas: no son capaces de ver alegría en su entorno, procuran enseguida estropear de algún modo el sosiego ajeno para justificar la propia inquietud.

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Mediante la lectura descubrimos mundos que no habrían estado a nuestro alcance de ningún otro modo

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