La vida está fundamentada en unos pocos principios que, cuando se conculcan, pasan factura. Por ejemplo: “el número ideal de personas para llevar adelante un proyecto es siempre un número impar e inferior a dos”. Salvo raras excepciones, cuando se intenta transgredir, las iniciativas no arrancan. Roma comenzó a desarrollarse cuando Rómulo fue quien se hizo con el timón…
Otro principio irrenunciable es que “cuando el coste es cero, la demanda es infinita”.
Resulta políticamente correcto señalar que el estado del bienestar ha logrado que todo el mundo disponga de sanidad gratuita. Pero eso no es cierto. Aunque alguien no pague en ese momento una operación, la sanidad no es gratuita. Alguien la paga. En el caso de España, todos los contribuyentes.
Resulta políticamente correcto señalar que el estado del bienestar ha logrado que todo el mundo disponga de sanidad gratuita. Pero eso no es cierto. Aunque alguien no pague en ese momento una operación, la sanidad no es gratuita. Alguien la paga. En el caso de España, todos los contribuyentes.
Me produce hilaridad escuchar a políticos de uno y otro signo afirmando que han realizado grandes esfuerzos para mantener el estado del bienestar. En sentido estricto, ellos no han hecho nada. Lo hemos hecho todos los ciudadanos con nuestros impuestos.
El copago no es una obsesión de la derecha, ni debería ser el arma arrojadiza de la izquierda. El copago –aunque fuese inicialmente de un euro- es el comienzo para que la Sanidad pública sea sostenible en España.
El copago no es una obsesión de la derecha, ni debería ser el arma arrojadiza de la izquierda. El copago –aunque fuese inicialmente de un euro- es el comienzo para que la Sanidad pública sea sostenible en España.
La costumbre española, y de otros países, de que otros paguen la última trampa, o un último capricho o una verdadera necesidad está quedando al descubierto con la actual crisis. ¿Por qué hemos de pagar entre todos la falta de esfuerzo de los griegos? ¿Por qué entre todos hemos de abonar los desmanes de determinados directivos de la banca? ¿Por qué hemos de poner dinero para dar cobertura indiscriminada e ilimitada a otros?
Es razonable redistribuir riqueza, porque el mercado no es perfecto, ni mucho menos. Pero entre la creencia ciega en la bondad del mercado y la obsesión insensata de creer que alguien tiene la obligación de pagar lo que yo necesito, hay una distancia grandísima a la que sólo el sentido común puede poner coto.
La demagogia puede ser útil en un mitin o en una tertulia radiofónica, pero al llegar al momento de la verdad, hay que mostrarla al desnudo. La vacuidad de muchas afirmaciones políticas o sindicales no nos devolverán al sendero del crecimiento. Sólo desde la objetividad y el conocimiento de la ciencia económica y empresarial saldremos adelante con garbo.
Es razonable redistribuir riqueza, porque el mercado no es perfecto, ni mucho menos. Pero entre la creencia ciega en la bondad del mercado y la obsesión insensata de creer que alguien tiene la obligación de pagar lo que yo necesito, hay una distancia grandísima a la que sólo el sentido común puede poner coto.
La demagogia puede ser útil en un mitin o en una tertulia radiofónica, pero al llegar al momento de la verdad, hay que mostrarla al desnudo. La vacuidad de muchas afirmaciones políticas o sindicales no nos devolverán al sendero del crecimiento. Sólo desde la objetividad y el conocimiento de la ciencia económica y empresarial saldremos adelante con garbo.
Javier Fernández Aguado
