Independientemente de las siglas bajo las que alguien milite, quien aspira a desarrollar su actividad profesional como dirigente político debería recordar que ha de ser siempre un servidor de sus conciudadanos. Aspirar o apalancarse en un puesto de gobierno sin la conciencia de que ha de ser un trabajo esforzado, diligente y en pro de otros, sería la mayor de las traiciones no sólo a los demás, sino a la propia conciencia. Es importante recordar que –por poner un ejemplo desafortunadamente no infrecuente- que quien roba se hace ladrón; y quien miente, mentiroso.
Unas pruebas básicas para poder acceder a una carrera política sería un medida de sensata prudencia. Mucho más que ideólogos, son precisos tecnócratas. Es decir, personas con preparación económica, jurídica, técnica… suficiente.
Leer obras como El gran equipo, de Ignacio Bernabé; Manuel de vida, de Epicteto; Ética a Nicómaco, de Aristóteles; Educación del príncipe cristiano, de Erasmo…; son unos buenos títulos para empezar esa imprescindible formación que precisan quienes asuman, o reiteren, en estas semanas un puesto en una entidad local o en una Comunidad autónoma.