El año que comienza será, desde muchos puntos de vista, de transición. En vez de esperar a que sucedan cosas, es aconsejable procurar –en la medida de lo posible- que estás acaezcan. Por eso, los cambios, tanto desde el punto de vista personal como profesional, deberían pillarnos trabajando. Entre otros motivos, porque a quien no rema se lo lleva la corriente.

Todo esto, para decir que es un periodo que reclamará esfuerzo y no rutinas agoreras; ilusión y no cinismo; juventud mental y no artrosis neuronal…

Para mí, enero va a ser, Dios mediante, un tiempo de mucho trabajo intelectual y práctico. De un lado, para preparar la inminente presentación en Madrid de La Soledad del directivo (de cuya fecha concreta informaré en cuanto yo mismo la conozca). Reuniones con comités de dirección de media docena de empresas, el mes se verá salpicado también por la intervención ante un grupo de directivos de una multinacional americana en un Master que les lleva de Varsovia a Nueva York pasando por Talayuela (y no es broma, sino dato fehaciente y alentador para una de nuestras industrias patrias).

Intervenciones en Zaragoza, Murcia y otras ciudades de España están pendientes de última confirmación, porque el paréntesis Navideño parece hibernar momentáneamente los proyectos.

Además, espero poder dar los últimos toques al libro que llevo tres años preparando sobre enseñanzas de la Roma clásica para las organizaciones contemporáneas.

¡Qué tengamos todos un buen 2011!

¿Quieres aprender más?

Mediante la lectura descubrimos mundos que no habrían estado a nuestro alcance de ningún otro modo

Te has suscrito correctamente. ¡No te olvides de revisar ahora tu bandeja de entrada!

Share This