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Cisne Negro

Director: Darren Aronofsk

Intérpretes: Natalie Portman (Nina), Mila Kunis (Lilly), Winona Ryder (Beth), Sebastian Stan, Vincent Cassel (Thomas Leroy), Barbara Hershey (Erica), Toby Hemingway (Tom), Ksenia Solo (Veronica), Kristina Anapau (Galina), Janet Montgomery (Madeline).

Año: 2010

Temas: Ambiciones desmedidas. Organizaciones y personas. Obsesiones. Paranoias y felicidad. Refugio afectivo. Sentido común. Sentimientos e irracionalidad.

 

Darren Aronofsky ha dirigido un largometraje en el que pocas cosas son como se esperan. La cantidad de temas esenciales que aborda es inmensa. El modo en el que lo hace agradará a algunos e incomodará a bastantes.

Nina (Natalie Portman), una bailarina obsesionada con el éxito conduce al espectador hasta los límites de la depresión, el abismo, el sinsentido de una existencia centrada en la propia carrera profesional y en la acumulación de obsesiones egocéntricas. La causa de llegar a semejante situación no suele ser única. En el caso que nos ocupa, es la madre quien ha movido los hilos que han conducido al desorden psicológico.

Todo ser humano lleva dentro de sí las mayores grandezas y las peores bajezas. Ciertos fanáticos consideran que el maniqueísmo resuelve de forma simplista el problema, y se equivocan.

Aronofsky ha querido profundizar de forma violenta en la dualidad del ser humano. Como se ha escrito, la misma raza que fue capaz de inventar la música de cámara, es la que diseñó las cámaras de gas. En esta ocasión, no se plantea como seres diferentes dentro de una misma raza, sino como la misma persona en la que se revuelven el bien y el mal, llegando a una situación de desdoblamiento de la personalidad. Todo, en torno a la figura del cisne blanco (el bien) y el negro (la perversidad).

Erica (Barbara Hershey) es una madre dominante empeñada en ver cumplidas en la hija las aspiraciones que ella incubó. Que Beth (Wynona Ryder) sea aparcada por Thomas (Vincent Cassel), director de la Compañía, hace pensar a Nina que el mundo deseado se abre ante ella. Thomas es, además de un buen gestor técnico, un manipulador sexualmente obseso. Los consejos que dan son buenos. La forma en que logra sus objetivos, inicuos.

Continuamente está proponiendo a Nina que lo mejor no se da cuando se está técnicamente preparada. Eso es mucho, pero no es suficiente. Es preciso soltarse. La anima a seducir al espectador, a conquistarle. Lástima que frente a esas estupendas sugerencias profesionales, se presente inseparablemente su ofuscación  carnal por las bailarinas…

Todo se complica aún más cuando aparece Lily (Mila Kunis), una danzarina llegada de Los Ángeles que se le presenta como un obstáculo significativo, pues podría arrebatarle el papel principal. Poco o nada más necesitaba Nina para desembocar en el desequilibrio. Sin embargo, si algo faltaba, lo aporta la destronada Beth que –empujada por una cegadora envidia- le abre los ojos sobre el futuro que le espera –el que ella está ya viviendo- una vez que Thomas la dé por amortizada profesional y físicamente…

La locura va tomando posesión de la mente de Nina. Pronto resulta difícil distinguir entre ficción y realidad, incluida su iniciación al sexo lésbico.

Cuando falta el sentido común; la armonía entre lo profesional y lo personal, entre las expectativas y los logros; un refugio afectivo razonable, todo se desboca. No por triunfar en un ámbito se llega a la felicidad.

En este largometraje, con una crudeza que por momentos se torna áspera, se clama por esa vida cumplida a la que aspira todo ser humano. Incluso los desequilibrados.

En la difícil búsqueda de un sendero vital en el que desarrollarse, tropezarse con una madre como la de Nina o con un nefasto profesional como Thomas hace mucho más complicado el camino de la existencia. Este último representa la encarnación del mal en estado puro. Recuerda a ciertos directivos que anteponen sus intereses a los de cualquiera de los stakeholders, y por supuesto a los de sus subordinados. Thomas parece la encarnación de los Faustos que pululan, quizá especialmente en tiempos de incertidumbre.

El Cisne Negro se convierte progresivamente en una película tan inquietante como seductora. Esta cinta, que ha convertido a Natalie Portman en bailarina, ha sido la gran triunfadora en los Spirit Awards, versión del Oscar concedida por el mundo del cine independiente. El posterior Oscar a mejor actriz es claramente merecido.

Ojalá hubiese sido posible lanzar una idea semejante sin provocar tanta desazón. En cualquier caso, el pensamiento es claro. Quien mata se hace asesino. Quien roba, ladrón. Quien abusa de otros, impresentable. Por mucho que lo haga desde un gran despacho.

El mismo mensaje, siempre basado en un cuento de Andersen, fue lanzado en Las zapatillas rojas (1948), largometraje en el que Cisne negro se inspira con desfachatez.

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