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Director: John Henderson

Intérpretes: Kenneth Cranham, Leo Bill, Rosanna Lavelle, Phyllida Law.

 

Año: 2002

Temas: Ámbito de influencia. Audacia. Cegueras colectivas. Decisiones personales. Estrategias emergentes y deliberadas. Gestión de la rutina y del talento. Voluntarismo.

 

En plena II Guerra Mundial, durante una clase para militares-dentistas, Private Leslie Cuthbertson (Leo Bill) considera que es mucho más lo que él podría hacer por defender a Gran Bretaña. Lo de cuidar de dentaduras ajenas le parece poco retador. En realidad, se encuentra allí porque sus jefes, con buen juicio, consideran que en el frente no le iría particularmente bien. Peter King (Kenneth Cranham), su superior directo, está rumiando planteamientos semejantes.

 

Al cabo, Peter King decide lanzarse la batalla. Para su loca aventura implica al soldado amante de las aventuras. El motivo de elegirle se lo explica pasado algún tiempo: es el único suficientemente imprudente como para seguirle.

 

Huidos del cuartel llegan a la costa. Allí, con poca pericia y mucha voluntad, logran hacerse con una barca de pesca para cruzar el Canal. Desembarcan, dispuestos a enfrentarse ellos solos a los alemanes. El objetivo es hundir dos acorazados alemanes. Pretenden hacerlo con una sola granada, en el lugar adecuado. Sin embargo, su estrategia deliberada ha de ser sustituida, porque la realidad emergente es que los dos buques han salido ya a alta mar.  Buscan alternativas. El objetivo principal: demostrar que también ellos se encuentran en condiciones de contribuir a la derrota del ejército germano.

 

Si algo tienen claro es que el área de influencia que cada uno se marca es diversa. Cuando alguien cuenta con audacia y está dispuesto a arriesgar, los límites van superándose. A quien poco hace, todo le supondrá un gigantesco esfuerzo. Quien mucho realiza estará dispuesto a afrontar pronto nuevos retos. Así son nuestros dos héroes. Frente a quienes se pasan la vida centrados en la queja y el lamento, estos dos aventureros ponen de manifiesto que quien no trabaja es porque no quiere.

 

En paralelo, la película va proponiendo ante nuestros ojos el cuartel general desde el que Churchill pilota los múltiples frentes. Sobre todo en épocas de vacas flacas, el desánimo es patente. Por eso, precisa de ayudantes con visión positiva. Los hombros de un directivo son limitados. Quienes con él colaboran han de facilitarle el camino. Muchas reflexiones hemos dedicado José Aguilar y yo a esta cuestión en La soledad del directivo.

 

Los subordinados no siempre valoran suficientemente el trabajo y la visión estratégica que ha de aportar quien está en la cima de la organización. Así, en un momento en el que Churchill introduce nuevas tensiones, alguien del Alto Estado Mayor, asegura:

 

-¡Qué duro es ganar esta guerra con las continuas interferencias del Primer Ministro!

 

En el campo de batalla real, la ayuda del soldado a su superior, y viceversa, es fundamental. Cuando está desanimado, el otro le anima. Cuando es el último quien desfallece, el primero le impulsa. ¡Qué importante es encontrar el socio adecuado en cualquier proyecto! El número ideal de personas para desarrollar una iniciativa es impar y siempre inferior a dos. Esta aseveración tiene obvias limitaciones. Entre otras, porque resulta casi siempre imprescindible contar con un frontón –lo que hoy en día ha venido a denominarse un coach– para enfrentar con ecuanimidad y claridad los futuros retos.

 

En la película, como sucede en casi todas las del género, los alemanes son presentados como ineptos. Siempre he pensado que, si hubiese sucedido así en la realidad, no hubiera durado la guerra los años que lo hizo. La fácil caricatura de los perdedores es injusta. En lo ético estuvieron los germanos radicalmente errados; sin embargo, desde el punto de vista técnico tuvieron en jaque a múltiples países durante largo tiempo.

 

En una organización resulta más sencillo gestionar mediocridad o, en cualquier caso, reglamentación rígida que talento e iniciativa. La complejidad de los comportamientos de los dos protagonistas es grande. Quienes deben juzgarlos no les conceden la más mínima credibilidad cuando regresan a la Isla. En vez de confiar en su palabra, los califican de traidores, trapaceros, desertores… La pena que les puede caer encima es de las que no se olvidan.

 

Un asesor del Primer Ministro les saca del difícil trance. Todo, porque un comando pilotado desde la jerarquía dio testimonio de que su camino se había visto facilitado por sucesos como los ahora narrados por los encausados. Casi por un pelo, salieron del enredo.

 

El comentario de Churchill es clarividente:

 

-¡Con locos así se hubiera ganado la guerra en Navidad!

 

El orden es necesario, pero quienes se limitan a administrarlo nunca aportarán iniciativa y creatividad a los proyectos. Aprender a combinar la dirección de situaciones rutinarias con personalidades que aportan talento es lo que da consistencia a las organizaciones con proyección. Aquellas que pretenden que todo se haga sin separarse un ápice de lo que se previó se encuentran al borde dl foso. Por el sendero que a él conduce se dejarán a los mejores en el arcén, porque quienes realmente piensan se niegan a entrar por el aro del ‘ya está todo previsto por anticipado’.

 

Nunca más volvieron a verse aquellos temerarios soldados. Tras pagar sus penas de calabozo fueron destinados a diversos lugares del planeta. Y es que la historia narrada en el largometraje, por sorprendente que parezca, es real.

 

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