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Título: Eichmann

Director: Robert Young

Intérpretes: Thomas Kretschmann , Troy Garity, Franka Potente, Stephen Fry

Año: 2007

TemasAmbición. Ética y técnica. Grandeza y miseria de los directivos. Influencia del entorno. Orgullo directivo. Paranoias organizativas. Sentido común.Verdad y mentira.

 

Adolf Eichmann es uno de los nombres más directamente ligado al Holocausto promovido por Hitler y sus adláteres durante la Segunda Guerra Mundial. Al igual que otros miembros de aquella pandilla criminal que dirigió Alemania a partir de 1933, Eichmann logró escapar tras el conflicto. Se refugió en Argentina, donde fue capturado por miembros de la Inteligencia de Israel. Trasladado a ese país, tras un juicio que duró varios meses, fue condenado a morir en la horca.

Estos hechos, que alcanzaron amplia difusión gracias, entre otras cosas, al libro de Hannah Arendt, Adolf Eichmann o la banalidad del mal, han sido llevados a la pantalla en formato casi de documental. La trama gira en torno al interrogatorio al que fue sometido el criminal nazi por parte de un policía judío.

Lo que ha venido a denominarse la anarquía autoritaria de Hitler queda bien reflejada en el largometraje. De hecho, el siniestro personaje procura continuamente enmascararse en la obediencia debida para escamotear responsabilidades. Resulta en verdad difícil entender el comportamiento de la mayoría de aquellos lamentables seres. Kersten es uno de los autores que mejor lo han logrado. Para muestra un botón. Al hablar sobre Himmler (que fue dirigente sobre Eichmann para luego ser colaborador suyo) en The Kersten Memoirs 1940-1945, (Macmillan, Nueva York), escribe: “Un comentario desfavorable de Hitler a una de sus medidas era suficiente para dejarle enteramente descompuesto y producirle violentas reacciones que adquirían la forma de graves dolores de estómago. La simple indicación de que Hitler podía tener una opinión diferente era suficiente para hacer vacilar a Himmler y posponer una decisión hasta conseguir asegurarse de la actitud de Hitler… Nadie que no hubiera sido testigo de esa situación podría creer que un hombre con tanto poder a su entera disposición, como Himmler, llegase a alcanzar un estado de pavor tan grande al ser convocado por Hitler; ni tampoco puede creer nadie el estado de alegría de Himmler si salía de la entrevista con éxito o, mejor aún, si había recibido alguna alabanza… Himmler no tenía nada que pudiera contrapesar el efecto de la personalidad de Hitler…

“Esta debilidad hacía sufrir a Himmler de una manera indescriptible”

Largos años de adoctrinamiento, sumados a las más bajas pasiones –avaricia, lujuria, soberbia…- desatadas, y a un miedo atroz a ser otro más devorado por aquella maquinaria de triturar personas en que se convirtió el nazismo, coadyuvan a explicar aquellos comportamientos inhumanos.

Resultaría interesante que muchas organizaciones que se consideran lejanas –y en temas de fondo lo son- de aquella cueva de criminales, considerasen con más atención si en su actuación no hay también fanatismo acrítico que lleva a sobrevivir aun a costa de dañar a otros. Quizá a compañeros, y por supuesto a clientes, proveedores, subordinados, etc.

Si algo queda claro en el largometraje es que es preciso que cada uno se responsabilice de la propia vida, sin cargar el peso de las propias decisiones sobre terceros. No hay que olvidar que de esa simplicidad ridícula se alimentan dos de los sistemas que más daños han realizado en la historia de la humanidad: comunismo, nacionalismo y nazismo.

Sus raíces –lo he dicho muchas veces- son exactamente las mismas: la consideración simplista del ser humano: olvidar que estamos tratando de una realidad compleja lleva a la destrucción del hombre. Bien consciente era Hitler de la cercanía de las dos nefastas propuestas. Afirmó (y es literal): “no voy a ocultar que he aprendido mucho del marxismo… Lo que me ha interesado e instruido de los marxistas son sus métodos. Siempre he tomado en serio lo que habían imaginado tímidamente esas mentes de tenderos y mecanógrafas. Todo el nacional-socialismo está contenido en él. Fíjese bien: las sociedades obreras de gimnasia, las células de empresa, los desfiles masivos, los folletos de propaganda redactados especialmente para ser comprendidos por las masas. Todos estos métodos nuevos de lucha política fueron prácticamente invitados por los marxistas. No he necesitado más que apropiármelos y desarrollarlos para procurarme el instrumento que necesitábamos”.

Resulta sorprendente que algunos condenen sin paliativos el nazismo (como es propio de cualquiera que tenga decencia) a la vez sale en defensa de un sistema tan deshumanizado como él: el marxismo.

Aquellos burócratas con poder que contribuyeron a aquellos asesinatos en masa de judíos, gitanos, pero también católicos, disidentes políticos u homosexuales, fueron responsables. Al igual que un mando intermedio de cualquier organización se convierte en cómplice cuando daña a sabiendas a sus subordinados, sin asumir sus propias responsabilidades en la cadena de mando. La culpa más grave estará en la cúpula. La obediencia debida –lo que los alemanes alegaban como Kadavergehorsam: obediencia ciega- puede en su caso engañar a un jurado, pero nunca servirá para que la propia conciencia quede tranquila.

En el nazismo, quizá más que en ningún otro modelo organizativo, queda claro que la técnica, cuando prescinde de la ética no es inocua, se torna perversa. Pocos sistemas, además del comunismo en sus diversas manifestaciones, han sido tan profesionales en sus medios. Cuando los fines son perversos, los medios necesariamente también lo son. Además, tal y como también enseña la deontología, los medios erróneos nunca pueden ser empleados, aunque los fines anhelados sean sublimes.

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