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Director:Christian Carion

Intérpretes:Diane Kruger, Willem Dafoe, Guillaume Canet, Fred Ward, Emir Kusturica, Alexandra Maria Lara, David Soul, Gary Lewis, Benno Furmann, Niels Arestrup, Ingeborga Dapkunaite, Dina Korzun, Alex Ferns, Philippe Magnan, Christian Sandstrom

Año: 2011

Temas: Audacia y cobardía. Ética y técnica. Organizaciones y fanatismo.

Con gran libertad, el largometraje recuerda uno de los casos más importantes de espionaje durante los años 80, en los estertores de la Guerra Fría. Los datos son los habituales en aquellos años: un coronel del KGB se siente profundamente defraudado por la situación del país. Poco a poco, él mismo ha ido abriendo los ojos y se ha dado cuenta de que muchas han sido las promesas, pero los frutos son escuálidos. Sobre todo, falta libertad y no se han cumplido tampoco los objetivos utópicos que se prometieron a cambio de entregar al Estado la propia capacidad de decisión.

Aunque es persona inteligente, Gregoriev ha debido recorrer un arduo camino para darse cuenta de que el sistema no funciona. Cuando durante un largo periodo el mensaje es el mismo, cuesta esfuerzo abrir los ojos a la realidad y darse cuenta de que no por mucho reiterar una idea lo que se afirma es cierto…

El sueño que la inmensa mayoría de la gente es la felicidad. En primer lugar, la propia, pero también la colectiva. Por eso, periódicamente, sistemas más o menos complejos prometen que serán capaces de proporcionarla. Entonces, muchos, entre los que quizá destacan los más entusiastas, siguen con pasión aquel sendero.

Así lo logró la ideología más perversa que nunca ha existido, el comunismo, pero también otras nefastas como el fascismo y el nazismo. Y de forma menos llamativa otras organizaciones que se presentan periódicamente como la panacea que aportará todas las soluciones a los problemas del mundo.

Para llevar a cabo su designio, el oficial del KGB entra en contacto con otro romántico, entendiendo con este calificativo a todo aquel que cree en un mundo mejor: Pierre Froment. El diplomático francés sale de sus rutinas y se ve involucrado en un entorno que le supera ampliamente.

Las breves conversaciones no tácticas que mantiene con Gregoriev son relevantes. En el fondo, ambos son soñadores dispuestos a perder algo de sí mismos, incluso la propia vida, por lograr un mundo mejor. Y ambos han verificado que ese planeta más pleno nunca llegará de mano de la ideología marxista.

Quizá quienes han creído en la bondad y verdad absoluta de un paradigma se tornan más críticos al descubrir que detrás de tantas promesas en realidad había mentiras articuladas. Eso sí, con un buen marketing, externo y/o interno, para que fueran aceptadas.

Sobre las cuestiones más generales, campea sin embargo una cuestión: las propias familias. Y muy específicamente los hijos. Esa ilusión encarnada que cualquier pareja desea se convierten en motores esenciales de las grandes decisiones. De hecho, los dos piensan en los suyos para seguir adelante con sus planes. Quizá falta la comunicación con los vástagos, pero el deseo de proporcionarles un mundo mejor es indiscutible.

En el marxismo, al igual que en muchos modelos organizativos, lo importante es lo colectivo, lo grupal. A ese genérico dios que es el pueblo o la masa, muchos están dispuestos a inmolar su individualidad, y por supuesto a cualquier persona. El tema en el fondo, es el mismo que fue abordado desde perspectivas semejantes en ‘La vida de los otros’.

Una de las preguntas que se plantea reiterativamente, de forma explícita o implícita, es ¿por qué yo? Es decir, ¿por qué yo he de dar la cara si sé que el sistema no caerá con mi acción? La cuestión debería formularse de otro modo: ¿por qué no yo? Es decir, ¿hasta cuándo aceptaré pasivamente el mal cometido por determinada organización? La propia responsabilidad debe llevar a actuar, aunque uno sepa que su comportamiento no cambiará radicalmente la situación. 

La conversación del diplomático francés con un alto mando de la OTAN resulta reveladora: el interés de Pierre está centrado en aquel con quien ha compartido tantos riesgos y ha quedado encerrado dentro de la gran prisión que fue durante décadas la Unión Soviética. Su interlocutor no piensa en personas concretas, sino en colectivos. Por eso, manifiesta gran frialdad. Recuerda aquel comentario de Hitler a uno de sus Mariscales cuando éste expuso que podrían perderse muchas vidas en determinada operación bélica.

Debería usted alejarse un poco más de la gente, fue la respuesta del nefando cabo austriaco. 

Parecida respuesta recibí yo cuando cuestioné al máximo responsable de determinada organización sobre el daño que se realizaba a personas concretas con la excusa de realizar mucho ‘bien’.

Me dijo:

  • Lo importante es los que queden para sacar adelante el proyecto. Los demás no importan.

En aquel momento descubrí que, independientemente de los objetivos propuestos por una organización, la ética ha de ser siempre personal, y exige audacia negarse a secundar comportamientos perversos, incluso si están justificados por fines altruistas (si es que lo son).

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Mediante la lectura descubrimos mundos que no habrían estado a nuestro alcance de ningún otro modo

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