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Director: Mark Robson Principio del formulario Final del formulario Intérpretes: Kirk Douglas, Marilyn Maxwell, Arthur Kennedy, Paul Stewart, Ruth Roman, Lola Albright, Luis Van Rooten, Harry Shannon

Año: 1949

Temas: Ambición. Ética y técnica. Influencia del entorno. Orgullo directivo. Paranoias directivas. Sentido común. Sentido de la vida.

Midge Kelly (Kirk Douglas) y su hermano cojo Connie no saben hacia adónde van. De momento, y por mera eliminación de alternativas, marchan camino de California. Haciendo auto stop son recogidos por un púgil, Johnny Dunne, que viaja acompañado por su prometida, Grace. Estimulado por el boxeador, Midge decide participar en una velada de pelea en Kansas City. El resultado para su físico es desastroso. Sin embargo, Tommy Haley, un manager con experiencia, anticipa que Midge cuanta con talento. De entrada, Midge rechaza la proposición.

Poco después, tanto él como su hermano son contratados como camareros en un café, dirigido por Lew Bryce y su hija Emma. Midge y la chica, tras unas horas en la playa, se enredan. El progenitor actúa rápido, obligándoles a maridar. Midge huye de aquel compromiso y opta por ponerse en manos de Tommy, quien le enseña las tácticas fundamentales de ese violento y discutido deporte.  

Pasadas varias semanas, llega el enfrentamiento con Johnny Dunne. Midge sonríe a Grace. Ella no le corresponde. Incomodado, da una bestial somanta a Dunne. Midge abandona al manager, porque uno de los clanes mafiosos que se mueven en torno al boxeo le ofrece mejores condiciones.  A partir de ese momento, las cosas –al menos inicialmente- comienzan a irle viento en popa en el ring.

Siempre merece reconocimiento especial quien partiendo de un estrato social bajo llega a alcanzar cumbre, independientemente del sector. Eso demuestra desde luego valía y constancia. El gran riesgo es que cuando la escalera va siendo ascendida, quien por ella avanza se sienta por encima del bien y del mal. La pérdida del sentido de la realidad es un riesgo que corren no sólo los políticos, sino cualquiera que por el motivo que sea asciende.

Midge se despeña enseguida en esa hubrys que ciega y lleva a contemplar a los demás como escabeles no como personas. Una de las manifestaciones de que ha empezado el camino hacia ningún sitio es el abandono inopinado de quien le permitió llegar hasta donde en la actualidad se encuentra. La virtud del agradecimiento engrandece. De igual modo que el egoísmo rastrero genera un empequeñecimiento demoledor.

Para alguno de los participantes en este peculiar mundo, las cosas están nítidamente claras; no reconoce gran diferencia entre ésta y otras alternativas. Asegura:

El boxeo es como cualquier otro negocio, pero en éste se ve la sangre.

¡Lástima que para muchos sea éste el modo de entender el mundo de las transacciones comerciales!

Quien asciende y no atiende a las personas que se encuentran a su alrededor puede, en algunos casos, llegar a enriquecerse. Pero sólo a costa de un gran peligro: dejar de ser persona. Bien describió Aristóteles que quien no tiene amigos acaba por ser o más que un hombre o menos que un hombre. Se refiere en el primer caso a los dioses, tal como en Grecia los concebían; y a los animales, en el segundo. Sucede, generalmente, que quien no es capaz de entender a los demás, acaba animalizándose. Así, Midge, que sólo piensa en sí mismo y en sus intereses. Hasta el punto de que llega a golpear hasta a su propio hermano, el lisiado físico, pero brillante en el sentido común, que tanto le ha apoyado.

En la película, al igual que en la realidad, lo importante no es lo que se gana, sino lo que se gasta. Midge se acostumbra a un ritmo de vida que consume más de lo que su propio trabajo genera. Ese comportamiento, sea individual o colectivo, sea una institución privada o pública, sólo conduce a un lugar: la bancarrota. Ahí se encamina el púgil a pasos agigantados. Desafortunadamente, no sólo a la económica, sino a la vital.

Como bien describe el manager para explicitar la triste situación del boxeador:

               -Todo lo valora económicamente.

Quien convierte cualquier relación en un intercambio mercantil, sin entender –como se escribiera en El Principito- que lo esencial es invisible a los ojos, es difícil que tenga una vida armada.

Su valoración mercantil de la realidad es tan obsesiva, que la pone por encima incluso de su enamoramiento con una novia de uno de los jefes del clan. El reproche que le formula su hermano ante el lamentable comportamiento también en el terreno afectivo es contundente:

-Se te ha helado la sangre. Eres peor que un salteador de tumbas.

Al final, muere solo, cegado por la necesidad de un público que le jalee. En ese momento, como en cualquier época, y casi sobre cualquier persona, llega el momento de las alabanzas.

Midge es un paradigma, bien descrito en este largometraje -que mereció un Óscar al mejor montaje y otras cinco nominaciones- de esas personas que más que vivir se limitan a durar.

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