Comienzo junio con una ponencia para un grupo de máximos directivos de una de las entidades financieras más grandes del mundo, en Madrid.
Ese mismo día, por la tarde, reunión con la alta dirección de una de las principales empresas públicas de España.
El día 3, en Barcelona, con los máximos directivos de una Compañía alemana que periódicamente me solicitan les ayude a reflexionar sobre cuestiones estratégicas. Lo haré de la mano de Marcos Urarte, presidente de Pharos, y una de esas personas de las que ser amigo es todo un lujo.
El 16, una vez más, me reuniré con el Comité de dirección de una cadena de estética de renombre. Están creciendo a dos dígitos, y el primero es 2, aun en medio de la crisis. Son un buen ejemplo de cómo pueden hacerse bien las cosas, también en medio de las dificultades. Ellas –porque son todas mujeres- no se lamentan, buscan con gran esfuerzo e inteligencia modos de seguir ofreciendo el mejor servicio a sus clientes.
Esas reuniones, y otras que omito, son a puerta cerrada. El mes de junio no trae ninguna sesión en formato abierto.
El resto del mes se irá en investigar, escribir, en media docena de sesiones de coaching, en sucesivas reuniones con diversos directivos (llegarán de Galicia, Canarias, Barcelona Pamplona, etc.) interesados por mi trabajo, y en una escapada a Marbella con la familia, para tomar fuerzas para un apasionante mes de julio.
