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Título: La Asesina

Director: John Badham

Intérpretes: Bridget Fonda, Gabriel Byrne, Dermot Mulroney, Miguel Ferrer, Anne Bancroft, Harvey Keitel, Olivia D’Abo, Richard Romanus, Lorraine Toussaint, Geoffrey Lewis

Año: 1993

TemasAmbición. Dirección por amenazas. Ética y técnica. Influencia del entorno. Medios y fines. Organizaciones y personas. Paranoias. Pensamiento grupal. Refugio afectivo.

 

Maggie (Bridget Fonda) es una drogadicta para quien asesinar no es problema. Detenida y condenada a muerte, es introducida por el propio Gobierno en un programa de preparación de verdugos latentes. Dos agentes, Bob y Amanda preparan a la futura justiciera.

Como en todo proceso de selección bien llevado, se han analizado los antecedentes. ¡Nunca debería contratarse a nadie sin haber estudiado su pasado!

Los procesos de motivación para Maggie son los de siempre: estímulos positivos y negativos. En la formación de Maggie se la anima –pues sólo haciendo lo que hace se salva de la muerte-, pero también se la ponen los límites: comportarse de acuerdo con la cultura corporativa si quiere mantenerse en el equipo.

Bien planteada queda la cuestión de qué es más relevante: la organización o las personas. En el largometraje no queda ninguna duda: lo único que realmente importa son los objetivos. Las personas, en este caso, son instrumentos para un supuesto bien superior.

A Maggie no le ofrecen salida. Mucho se parece su organización a otras en las que se amenaza con cualquier tipo de desgracia si alguien decide abandonarla. En diversas ocasiones, me han trasladado expresiones como:

-Tienes esta organización para triunfar, el mundo para fracasar.

O también:

-Fuera de aquí sólo podrás ser un desgraciado.

Me gusta señalar que esas palabras son falaces, fundamentalmente si se emplean con el único objetivo de retener talento mediante el temor.

En épocas de crisis, el miedo puede ser un elemento de retención de talento, pero sólo hasta que la recesión se supere.

Una vez que se ha puesto a trabajar, Maggie se enamora. Pretende entonces que se respete algo tan aparentemente sencillo como la conciliación de la vida profesional con la personal. Eso, en este caso, está radicalmente desaconsejado.

Olvidan los directivos que cuando el equilibrio es el adecuado, los profesionales rinden más. Los workaholic, por estar todo el día en el despacho no son más eficaces que quienes protegen –con la adecuada dedicación de tiempo- su refugio afectivo. Pero esto no todos lo entienden. Entre otros motivos, porque no pocos directivos son fugitivos del pañal. Algunos por responsabilidad propia, y otros (u otras), porque la correspondiente pareja no sabe hacer razonablemente atractivo el hogar. ¡Qué gran diferencia entre una mera casa y ese entrañable hogar al que toda persona aspira!

El pensamiento grupal, al que me he referido en diversas ocasiones, está presente en este largometraje. Todo está en función de los supuestos intereses de un bien superior, que nadie entiende bien cuál es. Lo que sí es claro es que lo menos relevante es lo que suceda con cada individuo. Es más, cuando Maggie comienza a plantearse el sinsentido de todo aquello, recibe la visita de un ‘limpiador’ cuya función es también acabar con ella.

Antes, Maggie ha preguntado a su preparadora –Amanda- si al percibir las profundas contradicciones del sistema en el que están inmersas no se deseó salir de allí. La respuesta es demoledora:

-Nunca me he planteado el irme.

Resulta triste considerar que hay gente que, pudiendo disponer de alternativas, quede atada a un determinado sistema por falta de audacia para buscar opciones viables. Lo que está en juego no es un organigrama, sino la felicidad de la persona…

Asumir como inevitable que las organizaciones han de aplastar necesariamente a las personas es una penetrante limitación intelectual. En ocasiones no quedará más remedio. Pero eso puede afirmarse después de haber puesto los medios para ‘respirar’.

El cambio de perspectiva es esencial para contemplar la realidad de manera creativa. En ocasiones no queda más remedio que tomar decisiones audaces para vivir experiencias nuevas que consientan una observación diversa. En este caso, es el enamoramiento lo que lleva a Maggie a considerar que hay algo más que un inercial cumplimiento del deber.

Es también el afecto lo que llevará a Bob a no aceptar las normas que ha asumido desde que él mismo fue introducido en el sistema. También por el cariño que ha ido profesando hacia Maggie. Como bien dijo Saint-Exupery, lo esencial es invisible a los ojos. Muchas veces se contempla con más claridad cuando se hace a través del afecto y no de una lógica por impecable que sea.

A pesar de las limitaciones interpretativas de este remake, las ideas de fondo lo hacen recomendable.

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