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Director: Michael Powell y Emeric Pressburger

Intérpretes: Moira Shearer, Anton Walbrook y Marius Goring

Año: 1948

Temas: Ética. Refugio afectivo. Sentido común. Sentido de la vida.

 

La película está basada en un escrito de Andersen. Según el original, una joven descubre un par de zapatillas rojas en una tienda. Le son enseguida entregadas por el diabólico artesano. Tras calzárselas, empieza a bailar con su prometido. Pero las pantuflas le impiden detenerse: se pondrá a hacerlo con tantos como pueda.

 

La fábula refleja a la perfección lo que sucede a muchos profesionales en los comienzos de la vida laboral. Aunque también se extiende a otras etapas de la vida, cuando falta la formación suficiente para encuadrar la actividad profesional dentro de un marco estratégico vital adecuado.

 

La existencia de cada ser humano acaba consistiendo en un difícil equilibrio entre diversas tensiones: la afectiva, la profesional, las amistades, el ocio… En cada momento de la existencia surgen circunstancias y ocasiones que empujan a desbaratar el equilibrio.  

 

En la cultura egipcia, siempre que era posible, al difunto se le engalanaba con los más ricos adornos (por eso se trataba de asaltar los enterramientos: para desvalijarlos). El motivo de la acumulación de riquezas en esos lugares era la creencia en un Más Allá, en el que cada uno debería seguir viviendo. De ahí, la posición fetal en la que en muchas ocasiones se colocaba el cadáver: era un símbolo de que se volvería a renacer.

 

El único órgano que no se tocaba en los procesos de embalsamamiento era el corazón. Encima de él se colocaba un escarabajo. Solía elaborarse con oro y piedras preciosas. Su objetivo era proteger al corazón en el trayecto que debía emprenderse hacia el Más Allá. Todo esto, porque los egipcios consideraban que el entendimiento se encontraba en él (resulta curioso que a pesar de que en muchas civilizaciones se haya vivido así, y de reflexiones como las de Xavier Zubiri sobre la inteligencia sentiente, algunos crean que la inteligencia emocional es un concepto novedoso y norteamericano).

 

El corazón era radicalmente importante: iba a ser pesado en una balanza en uno de los procesos finales. Se determinaría así si el difunto había sido o no justo. La medición se realizaba colocándolo en un lado de la balanza. En el otro, se situaba una pluma, que representaba el concepto de maat: justicia, orden y rectitud.

 

La báscula no podía inclinarse hacia ningún lado, porque eso significaba que el juzgado no había sido justo en su vida. Cuando así sucediese, Ammit, un animal con cabeza de cocodrilo, cuerpo de león y patas traseras de hipopótamo –conocido como el devorador de corazones– se encargaba de engullir el corazón. El difunto, en ese momento, moría de forma irremediable.  Por el contrario, cuando la balanza quedaba en equilibrio, el interfecto pasaba a encontrarse con Osiris, dios de los muertos.

 

En el caso de la bailarina de las zapatillas rojas, son elementos ajenos –la obsesión profesional por ellas representada-, los que hubieran provocado un juicio negativo. El fanatismo es un encorsetamiento del intelecto que conduce en la práctica a lugares erróneos. Incluso cuando el objetivo es supuestamente sublime.

 

La extraordinaria música de la película fue compuesta por Brian Easdale, quien se encargó de dirigir la mayoría de las piezas. La única excepción fue el baile de las zapatillas rojas, que fue conducido por Thomas Beecham.

 

En la lucha por el control de su propia vida, la bailarina no permanece sola. Aparece alguien que la ama, y que por eso se esfuerza en ayudarla por equilibrar su existencia. Desafortunadamente, al estar el maligno de por medio, no lo logra.

 

Esta película, como mencioné en su correspondiente comentario, es fuente de inspiración de Cisne Negro, un largometraje que además de tratar las mismas cuestiones vitales aquí referidas, emplea técnicas digitales y conceptos inquietantes. El inevitable enfrentamiento entre el bien y el mal, que en Las zapatillas rojas es planteado de forma romántica y motivadora, es presentado en Cisne Negro de manera radical, empleando entornos que, desde diversos puntos de vista, son prescindibles para argumentar sobre las cuestiones abordadas.

 

En cualquier caso, el enfrentamiento entre el bien y el mal, entre el equilibrio y el fanatismo, entre el trabajo y el refugio afectivo, son reflexiones universales que, independientemente de cómo se aborden siguen provocando interés en el espectador. Quizá, porque cada uno de nosotros, por llevarlos dentro o por efectos del entorno, antes o después debemos enfrentarnos a dilemas semejantes a los aquí planteados.

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