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Urbano VI aprovechó una homilía, comenzando por la expresión “Yo soy el buen pastor”, para echar en cara a sus electores un proceder repleto de lujos, en contradicción con el espíritu de humildad y pobreza que debían mostrar. Al cardenal de Vergne le afeó el haber invertido más de 100.000 florines para comprar propiedades a favor de su sobrino e incrementar el patrimonio familiar para evitar que la cámara apostólica pudiera disponer de esos medios, tal como estaba previsto tras el fallecimiento de los prelados. A Corsini le calificó de ladrón por haberse apropiado de un valioso objeto del estudio de Gregorio XI. https://www.eexcellence.es/expertos/management-pontificio-ii-por-javier-fernandez-aguado

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