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Título: Monsieur Verdoux

Director: Charles Chaplin

Intérpretes:Charles Chaplin, Martha Raye, Marilyn Nash, Isobel Elsom, Robert Lewis, Mady Correll, Allison Rodell, Arthur Hohl

Año: 1947

TemasAmbición. Doble personalidad. Ética y técnica. Influencia del entorno. Paranoias. Refugio afectivo. Sentido común.

 

El 25 de febrero de 1922 concluía la vida de Henri Désiré. Landrú, su alias, quedaría como nombre simbólico de asesino de ricas viudas. Nacido en 1869, estudió en el barrio parisino de Brentovilliers. Tras algunas dificultades con la justicia, pues su trabajo en el estudio de un arquitecto no le daba para mantener a su familia, se inspiró en dos criminales –Pel y Liebez- para comenzar su nueva actividad.

Aprovechando el incremento del número de viudas con ocasión de la primera guerra mundial, Landrú insertaba anuncios en prensa en la que se ofrecía, como caballero que vivía en soledad, para tratar de salir de la misma con una fémina que también la padeciera. Docenas de mujeres cayeron en sus manos. Algunas murieron asesinadas, otras fueron sencillamente seducidas.

Una de sus primeras víctimas fue una mujer de nombre Cuchet (en Chantilly). Después siguió su recorrido hacia Vernouillet. Pronto enamoró, y asesinó a Laborde, luego a Guillin, a Héon… El tiempo que no dedicaba al crimen lo empleaba en la jardinería.

La señora Segret marcó la diferencia con las anteriores, porque tenía parientes que no se contentaron con la mera desaparición. En 1919 comenzó una investigación. Al cabo, el pulcro caballero, calvo, de ojos pequeños pero penetrantes, con barba azabache, ni se inmutó al ser detenido. Siete mil páginas y dos años fueron precisos para la instrucción. El 7 de noviembre de 1921, en la sala de lo criminal de Versalles, se abrió el juicio.

Con estos elementos rigurosamente históricos, Chaplin diseñó una verdadera obra de arte: Monsieur Verdoux.

El genial actor modificó algunos hechos. Situó al asesino como un cajero de una sucursal bancaria despedido en los albores de la crisis del 29. En esas circunstancias, Verdoux (Chaplin) diseñó su negocio: convertirse en sistemático heredero de viudas previamente eliminadas por él.

Chaplin vuelca en el largometraje sus ideas sobre la existencia. Tendencialmente pesimista, con asomos de cinismo y depresión, pone en boca del protagonista sus personales planteamientos vitales. Su crítica a la guerra, a la deshumanización de la sociedad y a la tontería humana es visceral.

Una escena sublime describe el intento de seducción -con el objetivo de probar un nuevo veneno- de una mujer de baja extracción social. Ésta pone sobre la mesa una visión de la vida que hace temblar al asesino. Habla de la bondad humana, de las posibilidades de crear un mundo más sensato, de la generosidad que hace mejores a otras personas.

La reacción de Verdoux es inmediata:

-¡Váyase usted de aquí, porque su filosofía va a inficionarme!

Es el único momento en que manifiesta algo de humanidad, prescindiendo del tiempo que transcurre con su verdadera esposa y con su hijo pequeño. El resto es todo negocio sin corazón.

La necesidad de refugio afectivo se pone de manifiesto, incluso en un personaje tan siniestro como el descrito. Tener alguien a quien querer, alguien que te quiera, es –en muchas ocasiones- un seguro de estabilidad vital y profesional. No en el caso de Verdoux, ciertamente, pero sí en el de la mayoría de las personas. Como bien explicara Aristóteles en Ética a Nicómaco, únicamente puede vivir solo aquel que sea menos que un hombre –un animal- o más que él, un dios.

La soberbia desplegada por el asesino le llevó en la vida real, y queda bien reflejada en la película, al desprecio de sus propios perseguidores. Se atreve a enfrentarse a ellos:

-Durante 35 años no han sido capaces de cogerme.

En el largometraje, a diferencia de lo que históricamente sucedió, es Verdoux quien decide promover su propia redención. Descubierto por la amiga de una de las mujeres seducidas, podría haber huido, pero prefiere enfrentarse con sus demonios.

La personalidad bipolar descrita por Chaplin lleva a pensar en la presión de las circunstancias, que tanto pueden afectar a las personas. La descripción de los suicidios provocados por el crack del 29, la obsesión por acaparar de algunas de las viudas… son nuevas aportaciones cínicas a su modo de contemplar el mundo.

En uno de los sucesivos monólogos finales, Verdoux –es la ideología de Chaplin hablando a través del convicto- condena la guerra, el enriquecimiento con la venta de armamento, la sociedad cruel que ha sido diseñada, la falta de preparación para la generosidad y el altruismo…

Cuando está a punto de ser ejecutado, y tras rechazar el cigarro que se le ofrece, afirma:

-¡Les veré muy pronto!

Todos viajamos en el mismo tren, y algunos han de bajar en una estación anterior a la nuestra, pero los pasajeros –y es un ejemplo clásico- van siendo continuamente renovados. Resulta ridículo que alguien piense que permanecerá en el vagón durante tiempo indefinido. Chaplin lo recuerda con patético realismo.

Tragicomedia genial, Monsieur Verdoux, a pesar de su desesperanza, nos impulsa a reflexionar sobre el tipo de sociedad que construimos y en torno a las relaciones humanas que deberían conformar otro modo de ser en la gente. La libertad siempre estará presente, pero la coerción social es profunda.

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