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Título: Shrek. Felices para siempre.

Director: Mike Michell

Año: 2010

TemasAmbición. Crisis de los cuarenta. Ética y técnica. Influencia del entorno. Líderes y alborotadores de masas. Negociación. Paranoias. Rutinas y hábitos.

 

Shrek era un ogro de los que imponen. Cualquiera que se encontrase con él sentía pavor. Nada parecía resistírsele. Sin embargo, con el paso del tiempo, todo ha ido cambiando. Enamorado, padre de tres criaturas fruto del amor a su esposa, la inercia ha ido adueñándose de la relación.

El mayor enemigo de una organización, al igual que de cualquier relación, no es la competencia, las crisis, las dificultades externas o internas…, sino la rutina. Un frío y reiterado rito se convierte en una termita perversa que corroe los cimientos más sólidos de cualquier estructura. Repetir todas las jornadas lo mismo, sin introducir entusiasmo renovado, hace que la vida adquiera progresivamente tonos grises, tristones, sin capacidad de entusiasmar.

En una fiesta de cumpleaños, Shrek se hace de repente consciente de la situación. La acumulación de incordios que en otras circunstancias le hubieran resultado banales, se le tornan insoportables. Es el momento –piensa- para cortar con lo vivido. Desea regresar a su existencia anterior, donde idealiza que todo era felicidad: la gente le temía, él se sentía con independencia para ir y venir, no estaba ligado a nada ni a nadie…

Al estilo del Fausto de Goethe, se hace presente un perverso negociador que le propone un acuerdo. A cambio de tornar a su antigua existencia, Shrek sólo tendrá que entregar un día de su vida, y más en concreto de su infancia.

La conversación con el avieso comprador es antológica. Como negociador experimentado, y nada ético, le presenta todas las ventajas que obtendrá, a la vez que le oculta los inconvenientes que el acuerdo anida. Sin embargo, Shrek anda tan empeñado en salir de sus coordenadas que en nada quiere pensar, sino en escapar. En la vida en vez de huir de algún sitio hay que saber hacia dónde se va. Fugarse de una situación, de una circunstancia, de una pareja con la que no se siente uno feliz, de un trabajo que desagrada… no es un seguro para la felicidad. Más bien es una seria apuesta por el error.

Definir unas coordenadas aceptables sabiendo que la situación perfecta no existe ni existirá es más inteligente. En numerosas ocasiones cuando antiguos alumnos vienen a visitarme y a consultarme sobre sus recorridos laborales, al conocer de sus repentinas decisiones de cambiar de opción profesional me he visto obligado a recordarles que no hay trabajo mal pagado mientras no hay trabajo mejor pagado; de que no hay empresa que motive mal, mientras no aparece otra que lo haga mejor…

La felicidad no es una meta, es el modo en que caminamos. Shrek yerra al olvidar este principio. Quien aspire a desarrollar su existencia en un entorno en el que nada ni nadie le desagrade nunca alcanzará su ansiada cima. Soñar en mundos imposibles conduce necesariamente a la insatisfacción. Combinar adecuadamente los logros y las expectativas resulta clave. Quien marca referentes excesivamente altos nunca se acontentará. No hay que olvidar, y es un principio complementario del anterior, que ‘un yate siempre puede tener un metro más’.

Todas estas verdades son soslayadas por nuestro ogro: al firmar ignora también que en realidad ha sellado la pérdida de su propia vida, pues está pactando –aunque él no lo sepa- entregar el día del nacimiento. Si él no existió, tampoco pudo salvar del encantamiento a Fiona. Y si no rescató a Fiona, el reino será de él, del negociante trapacero.

Ante tan lamentable situación, alguno habría caído en una inactiva depresión. No es el caso de Shrek, que reacciona ante el triste panorama, dispuesto a ganarse un nuevo puesto en el mundo, aunque en este caso haya que dar una batalla particularmente ardua.

Tras numerosos avatares, bien narrados por esta película de animación, el ogro recupera su vida. En ese momento, todo lo contempla con otra perspectiva. Lo que antes parecía insoportable se torna ahora una situación deleitosa.

Pero el idilio no surge de que las circunstancias hayan cambiado, sino de que ahora tanto Shrek como Fiona se han reinventado. El enamoramiento, tantas veces descrito como idiotez pasajera, ha de ser prontamente sustituido por el amor, que es el fruto del esfuerzo diario de dos personas por entenderse, aceptarse y superar obstáculos que puedan distanciarles.

Muchas son las semejanzas y las enseñanzas con la vida profesional. Al principiarla, algunos definen unas circunstancias que son en la práctica inviables. No existe un puesto en el que no haya riesgo, el rendimiento económico sea alto, los compañeros de camino extraordinariamente eficaces y serviciales, el futuro diáfano… Entender que lo único que tenemos por delante es un conjunto de imperfecciones de entorno, de personas, de circunstancias y, por supuesto, personales, consiente adaptar las expectativas a los posibles logros generando felicidad.

Esta nueva entrega del simpático ogro contiene cargas de profundidad que muchos infantes no entenderán. Para cualquier mayor que vaya a verla, a poco despierto que esté y dispuesto a aprender, las enseñanzas en lo personal y en lo organizativo se arracimarán.

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Mediante la lectura descubrimos mundos que no habrían estado a nuestro alcance de ningún otro modo

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