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Andaba inquieta cierta persona que había sido calumniada. Le aconsejó un amigo con más experiencia:

            –Ve al cementerio y alaba a los allí enterrados.

            A su vuelta, le preguntó:

            –¿Qué te han dicho?

            –Nada, fue la respuesta del sorprendido caballero.

            –Ahora, siguió el otro, regresa allí e insúltales todo lo que puedas.

            –Tampoco han contestado nada, certificó el interesado al ser interpelado cuando tornó de la segunda excursión.

            –Pues procura imitarles, fue el sabio consejo del consejero.

            ¡Ojalá nos importase un ardite lo que los demás digan! Eso nos acerca a la felicidad, siempre, claro está, que nuestra conciencia sea recta y viva en paz consigo misma.

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